Archivos Mensuales: agosto 2012

Capítulo 14

Un lugar al que ir

Todo lo que pasó ayer, pasó, el ataque al campamento, la huida y la noche en vela.
Ahora, los siete del grupo de supervivientes, descansaban en medio de la carretera, en sus sacos de dormir.
Brad había estado la noche entera vigilando por si venían visitantes inesperados, pero no acecharon.
– ¿Papá? – preguntó Andrew.
– No, no. Soy Jim.
– Mi papá aún no ha vuelto.
– No, Andy. Pero, te aseguro que volverá pronto.
– Vale.
– Descansa un poco más, yo voy a levantarme a ver qué tal le ha ido a Brad. Hasta luego.
Jim, se levantó y se dirigió a Brad, que estaba sentado en una silla, al lado de las cenizas de un fuego que había manado hace unas horas.
– Hola, Brad.
– Jim.
– ¿Qué tal has pasado la noche?
– Ha sido tranquila, no ha habido mucho movimiento.
– Vale, ¿Te gustaría descansar un poco antes de irnos?
– No, gracias. Pero podrías hacerme un favor.
– ¿Cuál?
Señaló un cuerpo que se movía lentamente en la distancia.
– Viene hacia el campamento, y no quiero alertar con un disparo a los que duermen.
– Me ocuparé de él.
A lo lejos, estaba la figura tambaleante de una mujer, que carecía de brazo izquierdo, un fluido emergía de él, machando la carretera de un líquido viscoso.
Jim comenzó a andar. Sacó de su bolsillo la navaja plegable y la accionó con un botón.
La vestimenta de la mujer era blanca, iba vestida de doctora. Cuándo vio acercarse a Jim, alzó los brazos, abrió su boca y comenzó a gemir.
Jim estaba cada vez más cerca del No Muerto, cuándo el cadáver empezó a gemir aún más fuerte.
Empuñó con fuerza la navaja, y en el momento que estuvo lo más cerca del No Muerto, le introdujo la navaja en el cráneo y el zombie se desplomó en seguida.
Jim se agachó, recogió la navaja y comenzó a examinar el cuerpo de la mujer. En su vestimenta llevaba una placa ensangrentada que decía: “Dra. Nichols, Hospital St. James”.
– ¿Hospital? – se preguntó a si mismo Jim, y se guardó la placa en su bolsillo.
Siguió examinando el cadáver y en uno de los bolsillos encontró una imagen. Era una foto de una familia. Estaba ella, un hombre y unos niños, seguramente fueran su marido y sus hijos. Una lágrima le recorrió las mejillas y volvió a guardar la foto.
– Ahora descansarás.
Se levantó y empezó a andar al campamento. Pensó en aquella foto, ¿estarían muertos?, o ¿seguirían viviendo? No lo sabía pero esa imagen le recordaba a su familia. A su esposa. A su hija.
Se limpió con la mano las lágrimas que recorrían su cara.
Dejó ese tema aparte, y sacó la placa de la doctora Nichols. ¿Hospital St. James? ¿Estaría cerca? ¿Sería un buen refugio? ¿Habría muchos No Muertos? ¿Habría supervivientes?
Al llegar al campamento, se paró ante Brad. Este estaba sentado en el suelo y en su regazo estaba su fusil con mira óptica.
– Mira – le dijo Jim, mostrándole la placa -, estaba en el cadáver.
Brad tendió el brazo y cogió la identificación médica.
– Doctora Nichols, Hospital St. James.
– Sí.
– ¿Crees que puede estar cerca ese hospital?
– Sí.
– ¿Entonces?
Brad le tendió la placa a Jim, este la cogió y la guardó.
– Levantaremos el campamento e iremos en busca de aquel hospital, o de un refugio seguro – dijo Jim.
– Los despertaré en seguida.

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Capítulo 13

Detrás de la vida

Todo se heló durante unos segundos, el No Muerto que abría la boca para lanzarme un mordisco, el fluido viscoso que salía de su boca, los dientes putrefactos y su estómago, dónde podía verse sus intestinos, a causa de la puñalada que recibió anteriormente.
Y al lado, estaban los rusos, que con cualquier sonido saldrían a haber que lo había producido.
Tendría que ser cuidadoso y discreto para matar al No Muerto.
Sin pensar más, empuñé el cuchillo, esquivé el ataque del No Muerto, agachándome, y después clavé la navaja por debajo del mentón del cadáver.
Los sesos se esparcieron por las paredes, al igual que lo hizo el fluido marrón viscoso.
Agarré el cadáver, era un títere al que le habían quitado los hilos, se desplomó en seguida.
Cuidadosamente, puse el cadáver en el suelo y saqué la navaja.
Ahora debía pensar, algo sencillo, directo y efectivo. Para estar solas con su amigo soviético.
Pensó una, pero era muy arriesgada, pondrían atraparle fácilmente, podría resultar efectivo.
Venga, ahora era el momento, ahora o nunca. Era la diferencia entre la vida y la muerte. Si volvería a ver a su hijo o no. Esta decisión tenía sus ventajas y desventajas.
Al fin, se decidió y entró en la sala dónde estaban los rusos.
– ¿Qué tal? – dije, irónico.
Mi amigo el soviético me miró y se levantó.
– No se levante, sino dispararé.
Metí la mano derecha en el bolsillo.
– No quiero hacerlo, se lo aseguro.
El ruso se sentó en la silla.
– ¿Qué quiere? – preguntó.
– Quiero armas, ya, si no quieren que sus dos amigos mueran, están atados los dos en la sala dónde me encerró y tienen varias heridas que yo mismo les hice, hace unos instantes, estarán perdiendo mucha sangre y morirán si no hacéis nada. Yo sólo quiero armas y me iré en seguida. Sólo eso. Si no dispararé a los tres y acabaré con vosotros.
El ruso palideció un instante.
– Vale. Tú ganas.
Todo era muy fácil pensé, hay algo raro en todo esto. El soviético planeaba algo y yo no sabía que podría ser.
El soviético dijo varias cosas a sus camaradas y estos entraron en otra sala.
– Entonces, ha decidido entregarme las armas.
– Sí.
– Vale, pero yo quiero otra cosa, cierre la puerta por dónde acaban de entrar tus amigos… ¡Ya!
El ruso se giró y cerró la puerta.
– El pestillo, échalo.
El soviético obedeció y lo hizo.
– ¿Te acuerdas de Fred?
Empuñé con fuerza la navaja con fuerza y el juego prohibido, fue más fácil de lo que había previsto.
Todo iba a suceder muy lento. No quiero relatar los hechos que sucedieron a continuación, pero fue una carnicería.
Una cosa que me pregunto es: ¿Qué habrá en la otra vida? El ruso ya lo tendría que saber.
Mi tarea en este sitio ya había terminado, los rusos encerrados se quedarán allí y morirán de hambre.
Ya he vengado la muerte de mi amigo, no sé cómo se lo explicaré a su novia cuándo llegue al campamento.
Lo siento, por Betty. No pude hacer nada.
Ahora lo único que me importaba era salir de aquel edificio, sólo tenía dos armas, una navaja y la pistola del ruso. Una Makarov, con un cargador completo, en resumidas cuentas 8 balas.
Tendría que enfrentarme principalmente con la navaja a los No Muertos, en caso de que me rodeen, no pensaré en utilizar la Makarov.
Espero tener suerte. Deseo que no haya muchas criaturas fuera y espero que no haya más caníbales humanos.
Me gustaría llegar al campamento antes de que anochezca, eso me complacería mucho.
No me gustaría dormir con los zombis pisándome los talones. Ya he pasado por situaciones similares y no agrada mucho.

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