Capítulo 10

La caza

– … ¡Shhh! – susurró Jim.
Allí estaban los dos, en el bosque, escondidos detrás de un grueso roble, a la caza de un ciervo. Jim, sostenía la navaja, a su lado, Andrew esperaba ansioso a su primera caza.
Jim se lo había prometido, que le enseñaría a cazar un día, o lo haría su padre, pero en ese momento Jason no estaba, al parecer había huido y Fred salió en su búsqueda. Andrew no comprendía porqué lo había hecho y lloraba algunas noches, ahora dormía con Jim.
– Espera… – murmuró Jim.
En un claro de aquel bosque, bajo la luz del sol, estaba aquel majestuoso ciervo, parecía algo extraño en este mundo de horrores, algo hermoso, no cómo aquellos monstruos carnívoros.
El animal empezó a alimentarse de la hierba de aquel bosque.
– ¿Ya? – preguntó Andrew, ansioso.
– No, espérate a que esté más cerca, sino lo espantaremos… Y tú no quieres eso, ¿no?
– No – añadió Andrew, mientras empuñaba la navaja.
De repente, Andrew y Jim sintieron que un matorral se movió detrás del animal. El ciervo alzó la cabeza y siguió comiendo.
– ¿Qué es eso? – preguntó Andrew.
– Puede que sea algún animal.
– Va a espantar al ciervo – añadió Andrew.
– No, tranquilo. No lo hará.
Repentinamente un cuerpo apareció tras un árbol, detrás de dónde estaba aquel ciervo.
Era uno de ellos, un No Muerto. Miró a aquel ciervo y empezó a andar hacia él lentamente. Abrió la boca y enseñó sus putrefactos dientes, a la vez que un líquido marrón y viscoso emergía de su boca.
Era un hombre de unos cuarenta años, sus ojos que antes fueron azules, ahora eran amarillentos. En su vida pasada fue militar, ya que llevaba vestía de camuflaje. En su espalda había una mochila, seguramente con material militar. Eso serviría en el campamento, tendría que haber algunas armas y puede que medicinas o comida.
Su cuerpo, aparte de su vestimenta, estaba cubierto de sangre coagulada. En su brazo izquierdo tenía una mordedura, estaba infectada. Por esa herida, seguramente se habría convertido en un No Muerto más.
– Ha visto al ciervo… – murmuró Jim.
– Entonces…
– Sí, lo morderá.
– Pero, podemos…
– Podemos hacerlo, pero espantaríamos al ciervo.
– Hazlo tú.
Jim asintió.
– Quédate aquí. No te muevas. ¿Vale?
– Vale.
Jim anduvo lentamente, mirando al No Muerto, que cada vez estaba más cerca del ciervo.
– ¡Ehhh! – gritó Jim, mientras entraba en el claro.
El ciervo, al escuchar a Jim, escapó rápidamente y desapareció entre los arbustos y los árboles.
El No Muerto giró la cabeza y miró a Jim, que sostenía la navaja. Empezó a andar hacia Jim, gimió y volvió a abrir los dientes.
– Andy, no mires.
Jim estaba a menos de cinco metros del cadáver. Dio unos pasos adelante y tras unos segundos, alzó la faca y esta atravesó el lóbulo frontal del zombi.
El cadáver parecía un títere, ahora no tenía a nadie que lo sujetara, se desplomó en seguida.
Jim se agachó para recoger la navaja y le dio la vuelta al cadáver del militar. Intentó quitar la mochila de la espalda del No Muerto, pero estaba enganchado a algo.
– ¡Jim! – gritó Andrew, preocupado.
– ¿Qué te pasa? – elevó la vista y vio a Andrew entre los matorrales, señalaba algo con la mano derecha, Jim giró la cabeza, al sitio dónde apuntaba Andrew.
– ¿Qué estás…?
La cara de Jim se volvió blanca.
– ¡Mierda!
Se levantó rápidamente y fue a dónde estaba Andrew.
– Venga.
Los dos empezaron a correr, esquivaban los árboles hábilmente, sorteaban las ramas ágilmente. Detrás de ellos, estaba el peligro.
Había más de un centenar de No Muertos, que los habían visto huir. Ahora iban hacia el campamento. Tendrían que abandonarlo.
¿Dónde se refugiarían? ¿Cómo lo harían? ¿Y Jason y Fred? ¿Cómo los encontrarían? ¿Estarían bien sin nosotros? ¿Tendrían comida? ¿Armas para sobrevivir?
No había tiempo para más preguntas, ni tampoco para responderlas.
Tras unos momentos ya estaban de vuelta en el campamento. Betty, que andaba por allí, los vió llegar.
– Pero, ¿qué os pasa?
– ¡Recoged el campamento! – gritó Fred.
Paul, un veinteañero, abrió la tienda de campaña y salió de ella.
– ¿Por qué íbamos a hacerlo? – preguntó.
– Por eso – Jim apuntó al bosque.
– ¿Qué pasa en el bosque?
De repente, un zombi apareció de entre los matorrales.
– ¿Por eso? Es uno.
Después apareció otro. Otro. Eran diez. Veinte. Cincuenta. Cien. Ciento diez…


FIN DE LA PRIMERA PARTE…

Publicado el julio 22, 2012 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Lo que diga el zombie

El zombie siempre supo algo de cine....

Crónicas Zombi

El zombie siempre supo algo de cine....

EL BLOG ZOMBIE DEL ALIMAÑA

El zombie siempre supo algo de cine....

Zombie, Spanish Zombies

El zombie siempre supo algo de cine....

Infectados

El zombie siempre supo algo de cine....

Miserable Safari en Casablanca

El zombie siempre supo algo de cine....

ZOMBIES

El zombie siempre supo algo de cine....

El Arte Ecuestre

El jinete sólo puede estar satisfecho cuando el caballo ama su trabajo

Follow the Watercourse

The Best Swimming Blog

Mi rincón...

Mejor morir de pie que vivir sentado

Nido de Cuervos. Cine Fantástico y de Terror.

El zombie siempre supo algo de cine....

Antes que nadie

Cualquier paso abre camino

FAN CINE BLOG II

El zombie siempre supo algo de cine....

WordPress.com en Español

Blog de Noticias de la Comunidad WordPress.com

A %d blogueros les gusta esto: